¿Se puede limpiar una cubierta con amianto? Riesgos y alternativas
Muchas naves industriales, almacenes y edificios construidos antes del año 2002 en España todavía conservan cubiertas fabricadas con fibrocemento que contiene amianto, también conocido como uralita. Ante la pregunta de si se puede limpiar una cubierta con amianto sin riesgos, la respuesta no es sencilla: técnicamente es posible, pero exige condiciones muy específicas, personal cualificado y el cumplimiento estricto de la normativa vigente. Ignorar estas exigencias puede tener consecuencias graves para la salud de los trabajadores y para el entorno inmediato.
El amianto es un material que, mientras permanece en buen estado y no se manipula, puede considerarse relativamente estable. El problema surge en el momento en que se interviene sobre él de forma inadecuada: el lijado, el chorreado a presión excesiva o el rozamiento mecánico pueden liberar fibras microscópicas al aire que, al ser inhaladas, son potencialmente cancerígenas. Por eso, antes de plantearse cualquier tarea de limpieza o mantenimiento sobre este tipo de cubierta, es imprescindible conocer los riesgos reales y las alternativas disponibles.
En este artículo abordamos de forma clara qué dice la normativa española, qué está prohibido hacer sobre una cubierta con amianto, cuándo es necesario actuar y cuáles son las opciones legales y seguras para mantener este tipo de tejado en condiciones.
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Qué dice la normativa española sobre la manipulación del amianto
En España, el uso del amianto en nuevos materiales de construcción quedó prohibido definitivamente en 2002 mediante el Real Decreto 1406/1989 y sus posteriores actualizaciones. Sin embargo, la normativa no obliga a retirar de forma inmediata todos los materiales existentes que lo contienen, siempre que se encuentren en buen estado y no representen un riesgo inminente.
Lo que sí regula de forma muy estricta es cualquier trabajo que implique intervención sobre materiales con amianto. El Real Decreto 396/2006 establece las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a los trabajos con riesgo de exposición al amianto. Entre sus exigencias destacan:
- Obligación de que las empresas que trabajan con amianto estén inscritas en el RERA (Registro de Empresas con Riesgo de Amianto).
- Elaboración de un Plan de Trabajo aprobado por la autoridad laboral competente antes de iniciar cualquier intervención.
- Uso de equipos de protección individual específicos (mascarillas FFP3 o superiores, monos desechables, etc.).
- Gestión de los residuos generados como residuos peligrosos, con transporte y depósito en instalaciones autorizadas.
Si tienes dudas sobre el estado del material o sobre los procedimientos aplicables, puedes consultar las preguntas frecuentes sobre el amianto para orientarte antes de tomar ninguna decisión.
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Qué está prohibido hacer al limpiar una cubierta con amianto
Este es uno de los puntos más importantes y donde se cometen más errores, especialmente por parte de empresas de limpieza que no están especializadas en este tipo de material. Los errores más habituales —y más peligrosos— son:
- Uso de hidrolimpiadoras a alta presión: el chorro de agua a alta presión disgrega la superficie del fibrocemento y libera fibras de amianto al aire de forma masiva. Está absolutamente prohibido.
- Cepillado mecánico o lijado: cualquier abrasión sobre la superficie deteriorada puede generar polvo con fibras de amianto.
- Limpieza con disolventes agresivos que degraden el aglomerante del material.
- Trabajar sin evaluación previa del estado del material: antes de cualquier intervención, un técnico competente debe valorar si el amianto está friable (desmenuzable) o no friable, ya que esto determina el nivel de riesgo y el tipo de actuación permitida.
También es importante recordar que subirse al tejado sin una evaluación de riesgos previa puede deteriorar la superficie y generar emisiones de fibras sin que el operario sea consciente de ello.
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Alternativas seguras para el mantenimiento de cubiertas con amianto
Aunque la limpieza directa sobre amianto está muy restringida, existen alternativas que permiten mantener la cubierta en condiciones aceptables y prolongar su vida útil de forma segura:
1. Inspección visual periódica
La inspección es el primer paso del mantenimiento preventivo. Se recomienda realizarla al menos una vez al año, preferiblemente en primavera o tras el invierno. Hay que prestar atención a:
- Placas rotas, fisuradas o con bordes desprendidos.
- Zonas con musgo, líquenes o acumulación de suciedad que puedan retener humedad.
- Canalones obstruidos que generen charcos estancados sobre la cubierta.
- Cambios de coloración o aparición de eflorescencias.
2. Encapsulado del amianto
El encapsulado de amianto es una solución que consiste en aplicar sobre la cubierta un recubrimiento especial que sella las fibras y protege el material sin necesidad de retirarlo. Esta técnica está permitida cuando el fibrocemento no está en estado friable y puede extender la vida útil de la cubierta varios años, además de mejorar su impermeabilidad.
3. Limpieza controlada por empresa RERA
Cuando la cubierta presenta suciedad significativa pero el material sigue siendo estable, una empresa inscrita en el RERA puede llevar a cabo una limpieza con métodos de baja presión y aspiración controlada, siempre con el Plan de Trabajo aprobado. Esta intervención debe contemplar la recogida y gestión adecuada de los residuos generados.
4. Retirada y sustitución
Cuando el material presenta un deterioro avanzado, la opción más recomendable es la retirada de fibrocemento y uralita por parte de una empresa autorizada, seguida de la instalación de una nueva cubierta que cumpla con los estándares actuales de seguridad y eficiencia energética.
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Señales de alerta que indican que hay que actuar
No esperes a que el tejado presente daños graves. Estas son las señales de alerta que indican que es necesaria una intervención urgente:
- Placas con grietas visibles o fragmentos desprendidos.
- Presencia abundante de musgo o líquenes que hayan colonizado grandes superficies.
- Filtraciones de agua en el interior del edificio.
- Bordes de placas erosionados o con aspecto polvoriento.
- Decoloración irregular o manchas de óxido en los anclajes.
Si identificas alguna de estas señales, consulta también cómo el musgo y la suciedad en tejados afectan a la durabilidad del material y por qué no conviene demorar la intervención.
Además, para evitar que la acumulación de agua
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