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Empresa RERA Nº 39/00118

Refuerzo de estructura metálica en naves antiguas

El parque industrial español acumula miles de naves construidas entre las décadas de 1960 y 1990, muchas de ellas con estructuras metálicas que en su día cumplían sobradamente con los requisitos técnicos de la época. Hoy, sin embargo, ese patrimonio industrial se enfrenta a un doble desafío: el deterioro acumulado por el paso del tiempo y la necesidad de adaptarse a usos, cargas y normativas que han evolucionado considerablemente. El refuerzo de estructura metálica en naves antiguas se ha convertido, en este contexto, en una de las intervenciones más demandadas dentro del sector de la rehabilitación industrial.

Hablar de refuerzo estructural implica necesariamente hablar de un proyecto integral. La estructura no trabaja de forma aislada: está directamente conectada con la cubierta que soporta, con los cerramientos de fachada que arriostran y con las instalaciones que cuelgan de ella. Abordar solo un elemento sin revisar el conjunto es una solución parcial que, con frecuencia, genera problemas a medio plazo. Por eso, cualquier actuación seria sobre una nave antigua debe plantearse desde una visión global, que contemple simultáneamente la estructura, la cubierta y la envolvente exterior.

Por qué se deterioran las estructuras metálicas con el tiempo

Las causas del deterioro en estructuras metálicas industriales son variadas, pero responden a patrones bien identificados por los técnicos especializados:

Detectar y cuantificar estos problemas requiere un diagnóstico previo riguroso, habitualmente materializado en una Inspección Técnica de Edificios (ITE) cuando la nave supera los años de vida establecidos por la normativa municipal o autonómica vigente.

Técnicas de refuerzo estructural más utilizadas

Una vez realizado el diagnóstico, el ingeniero o arquitecto responsable del proyecto determina la técnica de refuerzo más adecuada en función del tipo de fallo, la geometría de la estructura y el presupuesto disponible. Las soluciones más habituales son:

Adición de perfiles de refuerzo (encamisado o doble perfil)

Consiste en soldar o atornillar perfiles adicionales sobre los elementos existentes para aumentar su sección resistente. Es la solución más frecuente en pilares y vigas con pérdida de sección por corrosión o con capacidad portante insuficiente. El proceso exige un saneado previo del metal y la aplicación de un nuevo tratamiento anticorrosivo.

Incorporación de arriostramientos y cruces de San Andrés

En naves donde la estructura original carece de suficiente rigidez frente a cargas horizontales (viento, sismo), se añaden arriostramientos metálicos en fachadas y cubierta. Esta solución es frecuente cuando se detectan desplomes o deformaciones excesivas en los pilares.

Sustitución parcial o total de elementos dañados

Cuando la corrosión o la deformación son tan severas que el refuerzo no es viable económica o técnicamente, se opta por reemplazar el elemento afectado. Esta operación requiere un apuntalamiento cuidadoso de la estructura durante los trabajos.

Tensores y pretensado

En cubiertas con vigas de gran luz que presentan flechas excesivas, se pueden instalar tirantes o cables pretensados que contrarresten las deformaciones.

La rehabilitación integral: cubierta, fachada y estructura como un todo

En la práctica, el refuerzo estructural rara vez llega solo. Una nave antigua que necesita intervención en su estructura casi siempre presenta también una cubierta en mal estado y unos cerramientos de fachada degradados. Aprovechar la obra de estructura para acometer simultáneamente la rehabilitación de cubierta y fachada es la decisión más eficiente desde el punto de vista económico y operativo.

Además, hay un factor que no puede ignorarse en naves construidas antes de 1980: la presencia de materiales que contienen amianto en cubiertas y cerramientos. Las placas de fibrocemento —popularmente conocidas como uralita— fueron ampliamente utilizadas en esa época y su manipulación o retirada requiere la intervención de empresas autorizadas. Si tu nave está en esta situación, puedes consultar toda la información necesaria sobre la retirada de fibrocemento y uralita antes de iniciar cualquier actuación en cubierta o fachada.

En cuanto a costes orientativos, un proyecto de refuerzo estructural básico —sin sustitución de cubierta— puede situarse entre 15.000 y 50.000 euros para naves de tamaño medio (500-1.500 m²), dependiendo del alcance de las intervenciones. Si se incorpora la rehabilitación completa de cubierta y fachada, la inversión total puede oscilar entre 60.000 y 150.000 euros. Los plazos de obra suelen estar entre 6 y 16 semanas, en función de la complejidad del proyecto y de si la actividad industrial puede mantenerse durante los trabajos.

Toda actuación de este tipo debe desarrollarse bajo la supervisión de un técnico competente y ajustarse al Código Técnico de la Edificación (CTE), en particular al Documento Básico SE-A (Seguridad Estructural – Acero), así como a las exigencias del DB-SI en materia de protección contra incendios.

Para profundizar en la planificación de este tipo de proyectos, recomendamos consultar la Guía de Rehabilitación de Naves Industriales, donde se desarrollan en detalle todas las fases y consideraciones técnicas.

Preguntas frecuentes

¿Es necesario paralizar la actividad industrial durante el refuerzo estructural?

No necesariamente. En muchos casos es posible diseñar la obra en fases que permitan mantener parte de la actividad. Sin embargo, hay intervenciones —como la sustitución de pilares o vigas principales— que requieren la evacuación de la zona afectada por razones de seguridad. El plan de obra debe contemplar esta circunstancia desde el inicio del proyecto.

¿Cuándo es obligatorio realizar una ITE en una nave industrial?

La obligatoriedad de la Inspección Técnica de Edificios varía según la comunidad autón