Logo Cubiertas y Amianto SL — Empresa RERA Cantabria

Empresa RERA Nº 39/00118

¿Cuándo es peligroso el amianto? Amianto friable vs no friable

El amianto es una de las sustancias más peligrosas con las que puede entrar en contacto el ser humano, pero su nivel de riesgo no es siempre el mismo. Comprender cuándo es peligroso el amianto resulta fundamental para tomar decisiones informadas sobre edificios, naves industriales o cualquier construcción que pueda contenerlo. Y es que no todo el amianto presenta el mismo grado de amenaza para la salud en todo momento.

En España, el uso del amianto fue definitivamente prohibido en el año 2002, pero miles de edificaciones construidas antes de esa fecha todavía conservan materiales que lo contienen. Tejados de fibrocemento, tuberías de saneamiento, aislamientos térmicos o paneles de construcción son solo algunos ejemplos. La clave para entender el riesgo del amianto reside en un concepto esencial: la distinción entre amianto friable y amianto no friable.

En este artículo explicamos con rigor qué diferencia a ambos tipos, en qué circunstancias el amianto se convierte en una amenaza real para la salud y qué dice la normativa española al respecto.

Qué hace peligroso al amianto: las fibras en el aire

El amianto, en estado sólido y compacto, no provoca daño por el mero hecho de existir. El verdadero peligro surge cuando sus fibras microscópicas se liberan al aire y son inhaladas. Estas fibras, de tamaño invisible al ojo humano, pueden penetrar profundamente en los pulmones y alojarse en el tejido pulmonar de forma permanente, ya que el organismo es incapaz de eliminarlas.

La exposición prolongada o intensa a estas fibras puede provocar enfermedades graves con un período de latencia de entre 20 y 40 años. Entre las patologías asociadas se encuentran la asbestosis (fibrosis pulmonar), el cáncer de pulmón y el mesotelioma, un tumor maligno que afecta a la pleura y que está directamente vinculado con la inhalación de fibras de amianto.

Por este motivo, el Real Decreto 396/2006, que regula las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a los trabajos con riesgo de exposición al amianto en España, establece protocolos estrictos de evaluación, protección y retirada. La norma obliga a que cualquier trabajo con materiales que contengan amianto sea realizado por empresas debidamente inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo de Amianto (RERA).

Amianto no friable: cuándo el riesgo es menor

El amianto no friable es aquel que se encuentra firmemente ligado a una matriz de otro material, generalmente cemento u otras resinas. En esta categoría se incluyen los productos de fibrocemento tan habituales en la construcción española: las conocidas placas onduladas de uralita, los depósitos de agua, las bajantes o los paneles de fachada.

En estos materiales, las fibras de amianto están encapsuladas y, mientras el material permanezca en buen estado —sin roturas, grietas, desgaste avanzado ni deterioro por la intemperie—, el riesgo de liberación de fibras es bajo. Es por eso que muchos edificios con cubiertas de fibrocemento en aparente buen estado no requieren una intervención urgente, aunque sí una evaluación periódica.

Sin embargo, el amianto no friable se vuelve peligroso cuando:

En estos casos, incluso un material originalmente clasificado como no friable puede liberar fibras y convertirse en una fuente de riesgo real para la salud.

Amianto friable: el mayor nivel de peligrosidad

El amianto friable es, con diferencia, la forma más peligrosa de este material. Se denomina así porque puede desmenuzarse con la simple presión de los dedos, lo que facilita enormemente la liberación espontánea de fibras al ambiente. Este tipo se encuentra habitualmente en:

El riesgo del amianto friable es inmediato y constante, ya que no necesita ningún agente externo para liberar fibras: el simple envejecimiento del material, las vibraciones o incluso las corrientes de aire pueden ser suficientes para generar contaminación. Por ello, cuando se detecta amianto friable en un edificio, la intervención debe ser prioritaria y urgente, llevada a cabo exclusivamente por profesionales homologados.

Cómo evaluar el estado del amianto en una construcción

Ante la presencia de materiales sospechosos, el primer paso es realizar una inspección técnica por parte de profesionales cualificados. Esta evaluación determinará:

1. Si el material contiene realmente amianto (mediante análisis de laboratorio).
2. Si se trata de amianto friable o no friable.
3. El estado de conservación del material.
4. El nivel de riesgo para los ocupantes o trabajadores del edificio.

En función de estos resultados, se puede optar por el encapsulado (cuando el material está en buen estado y no es friable), el confinamiento o la retirada total, que es siempre la solución más segura y definitiva.

Todo este proceso debe quedar documentado y ser ejecutado conforme al RD 396/2006, con notificación previa a la autoridad laboral competente y con los equipos de protección individual y medidas de higiene que la normativa exige.

Si quieres ampliar tu conocimiento sobre los efectos del amianto en la salud, te recomendamos leer estos artículos relacionados:

Preguntas frecuentes

¿El amianto en buen estado es peligroso?

Un material con amianto en buen estado y sin deterioro visible presenta un riesgo bajo en condiciones normales, siempre que sea de tipo no friable.